viernes, 15 de enero de 2010

Diagnostico del paciente: Masoquismo

La lucha constante, contra uno mismo, contra el devora pensamientos interno, contra la cordura e inteligencia. Todo se convierte en un abismo, cuesta abajo, sin definición ni fundamentos, sólo una táctica.

“Eres tu peor enemigo”, optas por decirle a tu mente, intentando engañarla.
“No puedes creer en ninguna palabra que pienses”, anuncias lentamente, con miedo a que se quiebre tu delicada voz.
“Déjate de falsas creencias, no eres capaz”, gritas íntimamente al muerto que estaba por resucitar.
Pero, te ha descubierto, ya sabe quien eres… Quien intentas ser.
Desmiente tu valor, tu disfraz de fortaleza.

Sigues soñando. Te observo con espasmo.

Tus saturas desaparecen, llevándote al comienza de la cura, eso que ya habías dejado atrás.
Te conviertes en un murmullo, sólo un murmullo, arrastrado por el viento, debilitado por la lluvia.
Te desintegras, propagándote entre los movimientos de la brisa.
Y gritas de dolor, ¡cuánto dolor emites!
Mientras este acto ocurre, él llena su alma de gracia. Maldita gracia.
Tu conciencia se anula, ahora perdiste lo último que suspirabas perder.

Abriste tus ojos, lo recuerdo muy bien. Un poco perturbado por la cantidad de luces fluorescentes que se encontraban sobre tu camilla médica. Haces un leve movimiento, asumiendo tus ataduras al borde de tu estancia. Me preguntaste que había ocurrido y no encontré exactas palabras para explicártelo. Me digno a detallarte la caída que sufriste, dejando claro tu corto momento de debilidad. El tratamiento comenzaría de nuevo, a tu señal. Impactado estuviste, por un par de minutos, hasta que tu boca susurró:

“Vol… Volví a aniquilarme. Vi mi destrucción, hecha por mis manos. De nuevo”. Esta fue la vigorosa frase que tu suspiro dejo salir.


Nunca olvidare la gota que luego descendió por tu mejilla, desde los hermosos ojos esmeralda, hasta la yema de mis dedos. 

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