“Había una vez una hermosa pareja de enamorados…”
Típico comienzo para un aburrido final.
“Había una vez una caótica pareja de desquiciados…”
Esperada versión de una persona que contradice buenos conceptos.
Que tal así.
Había una vez la esencia de una pareja de enamorados. Fue la perfecta combinación para aquellos astrónomos aficionados, quienes esperaban el momento preciso donde estos dos astros se alineaban para formar una sola adaptación de celeste belleza. Fue la noche y el día, contradicción presente en la cotidianidad humana. La oscuridad y la luz, definiciones claras para la percepción visual. Si, había una vez la luna y el sol.
-No quise, no podía.
-No te contradigas, luna mía. No queda mucho tiempo para este quisquilloso sentimiento. Respondió el sol, con voz temblorosa.
-¿Estás asustado?
-No, estoy angustiado por nuestra pronta lejanía.
-Varados en esta situación no podemos estar.
-Fuimos tú y yo quienes decidimos comenzar.
-¿Qué propones, mi luz?
-Propongo una hermosa noche. ¿Nos permites usar tu turno?
-En lo absoluto.
No conformes con su interesante situación de acercamientos e incertidumbres, deciden finalmente unirse en el mundial, universal e infinito sentimiento entre dos existencias, el odioso amor. Odioso por sus causas y consecuencias, dichoso por el desarrollo de sensaciones inimaginables, que hasta poderosas materias presentes en lo más alto del universo, pueden sentir con facilidad, entregándose completamente a cualquier percance ganado, sin dudas ni motivos para detenerse. Así trabaja el odioso amor.
En el instante en que comienza el eclipse de luna, la alegría reboza en el cielo. Es el 5to encuentro desde que decidieron comenzar esta aventura, pero el sol, a pesar de tanta dicha está conciente de su pronta partida a lo normal, al trabajo rutinario. Deben separarse, hay razones inexplicables para que esto tenga que ocurrir, no queda más que aceptar. Sin embargo, satisfacen parte de su necesidad imaginando al poderoso y permanente sentimiento. Nunca habían ocurrido 5 eclipses en un año, esto era una completa novedad para los humanos, seguro las ansias del sol y la luna por encontrarse sobrepasaban lo “natural”, de tal forma que el numero 5 era poco, para la cantidad de encuentros que estos dos anhelaban.
El mundo estaba encantado y dudoso por tanta gracia. Cada vez hacían mas y mas investigaciones para explicar lo que no tenía explicación, en ese entonces. Existía un personaje en particular, que no se daba por vencido, Pineda era un astrónomo nacido en tierras de Winchester, Inglaterra. Desde que tomó conciencia, ha sido curioso e impertinente, y a pesar de esto, se catalogó en el mundo de la ciencia como un mérito, gracias a sus eficientes descubrimientos. En este caso, omitiendo a los científicos que estaban convencidos de la poca capacidad mental y tecnológica que tenían para entender lo sucedido en el cielo, Pineda seguía constante.
-Señor, le recomiendo que descanse. No es apropiado para su salud que se agobie con tal problema.
-Alex, no he seguido consejo de nadie en toda mi vida, quizás sea la razón por la cual terminé en estas cuatro paredes. Antes de que te trate de peor forma, ve a tu casa. Te llamaré en lo que te necesite.
Alex era la hermosa asistenta de Pineda. Quien se imaginaria a una alta mujer, con cabellos rizados y castaños, con un cuerpo proporcionado, y una gran inteligencia, trabajando para un desenfrenado científico.
Continuaban las eternas lecturas, una tras otra, dando como resultado pequeñas piezas para armar un rompecabezas de mil y un mas. Pineda continuaba, sin temor de llegar a la conclusión que ni la Madre Naturaleza era culpable de tanta maravilla. Olvidando su vida, se incrustó completamente a esta incógnita.
Eso querían la luna y el sol, envolver a cualquier ser, envolverse a ellos mismos. Muchos aseguran que cuando llega el momento mas esperado, este pasa en un abrir y cerrar de ojos, para estos enamorados, era todo lo contrario. Disfrutaban, reían, se acariciaban, discutían, se besaban, bailaban, daban relatos de sus eternas vidas, conversaban sobre sus episodios, mientras intercambiaban infinitas miradas. Se amaban.
Se acercaba la hora, las órbitas estaban separando poco a poco a los dos astros.
-Amor, mi amor… Ya siento tu ausencia. Dijo la luna consternada.
-No te adelantes, no gimas dolorosas palabras, aún no. Ámame, siénteme, estoy aquí, no me he ido.
-Siempre te quiero sentir aquí.
El sol, mirándola fijamente, le contestó:
-Después de este relato de amor, los humanos buscarán el lado oscuro de la luna. Se preguntarán unos a los otros, porque cada noche de luna naciente hasta luna llena, ésta muestra una misma cara, discutirán sobre la causa de este extraño hecho. Llegarán, finalmente, a la respuesta que demuestra al sol culpable, él arrebata la luz de esta mitad, porque es suya, le pertenece. Ahí están guardados los recuerdos de cada momento juntos, nadie puede llegar a esos pensamientos, si no es el protagonista de la historia. Y tu dirás luego: “El lado oscuro de la luna es la guarida mi corazón, para la llegada del amor, para la llegada del sol…”. Mientras ocurre todo esto, luna mía, yo estaré iluminando este Universo, con la intención de que tu encuentres la luz, y me sientas, te estremezcas.
-El lado oscuro de la luna, es la guarida de mi corazón, para la llegada del amor, para la llegada del sol… Repitió la luna, con despecho.
De esta manera, se fueron alejando sin quitar las miradas. Finalmente el sol tomó la ruta de su anterior vida, dejando atrás a la causante de su nueva vida.
Pineda, desesperado, al ver como acababa todo antes de que el tuviera respuestas en la mano, decide agarrar el teléfono, y marca el número de su última esperanza. Llama a un antiguo amigo, Fran, físico y sabio, dueño de la biblioteca que contiene toda información contundente para un científico.
-Fran, amigo… Gracias por contestar…
-¿Pineda?, ¿eres tú?
-Si.
-¡PINEDA!, ¡que sorpresa! Cuéntame, ¿cómo estas? Tus investigaciones, que tie…
-Fran, respóndeme urgente y rápido, a la única pregunta que tengo esta noche, la cual hizo que te llamara.
-A ver, que tienes para mí.
-¿Qué motivo, coherente o incoherente, puede hacer que dos majestuosos dueños de la vida en la tierra, se unan 5 veces en un año? Dame una respuesta que resuelva todas las ecuaciones que he escrito y entallado en las paredes de mi oficina. La física realmente no funciona en mi cabeza, en este momento.
-¿El sol y la luna?
-Si, el dichoso sol y la dichosa luna.
-Amigo, es hora de que abras tu mente. No vas a conseguir el resultado en un libro de Física de Bart Kosko, o Franciso de Quevedo, mucho menos en uno de astronomía, el resultado lo conseguirás en la metáfora que hay dentro de ti.
-Por favor… No me des mas razones para seguir haciendo ecuaciones. Explícate.
-¿Qué ley explica la atracción de dos cuerpos? Y no menciones las 3 de Newton.
-Fran…
-¿Alguna vez te has enamorado, amigo mío?
-Fran…
-Si ves necesario tener que hacer ecuaciones, o utilizar fórmulas para explicar algo inexplicable, es porque te retienes a aceptar que hay otra ley capaz de mover montañas, literalmente… Al parecer.
-Está bien, no diré más. Me limitaré a pensar en tu patética teoría del amor.
-Por eso, Pineda, es que el sol consiguió enamorarse, y tú aun no.
Antes de que Pineda tuviera la oportunidad de contestar la leve agresión de su amigo, éste había trancado la llamada, posiblemente para contemplar lo que quedaba de la luna en esa noche.
Entonces, había una vez la esencia de una pareja de enamorados, había una vez el sol y la luna. Buen comienzo, para un final lúgubre, pero lleno de conmoción. Un final donde la luna espera por el dueño de su lado oscuro.
Típico comienzo para un aburrido final.
“Había una vez una caótica pareja de desquiciados…”
Esperada versión de una persona que contradice buenos conceptos.
Que tal así.
Había una vez la esencia de una pareja de enamorados. Fue la perfecta combinación para aquellos astrónomos aficionados, quienes esperaban el momento preciso donde estos dos astros se alineaban para formar una sola adaptación de celeste belleza. Fue la noche y el día, contradicción presente en la cotidianidad humana. La oscuridad y la luz, definiciones claras para la percepción visual. Si, había una vez la luna y el sol.
-No quise, no podía.
-No te contradigas, luna mía. No queda mucho tiempo para este quisquilloso sentimiento. Respondió el sol, con voz temblorosa.
-¿Estás asustado?
-No, estoy angustiado por nuestra pronta lejanía.
-Varados en esta situación no podemos estar.
-Fuimos tú y yo quienes decidimos comenzar.
-¿Qué propones, mi luz?
-Propongo una hermosa noche. ¿Nos permites usar tu turno?
-En lo absoluto.
No conformes con su interesante situación de acercamientos e incertidumbres, deciden finalmente unirse en el mundial, universal e infinito sentimiento entre dos existencias, el odioso amor. Odioso por sus causas y consecuencias, dichoso por el desarrollo de sensaciones inimaginables, que hasta poderosas materias presentes en lo más alto del universo, pueden sentir con facilidad, entregándose completamente a cualquier percance ganado, sin dudas ni motivos para detenerse. Así trabaja el odioso amor.
En el instante en que comienza el eclipse de luna, la alegría reboza en el cielo. Es el 5to encuentro desde que decidieron comenzar esta aventura, pero el sol, a pesar de tanta dicha está conciente de su pronta partida a lo normal, al trabajo rutinario. Deben separarse, hay razones inexplicables para que esto tenga que ocurrir, no queda más que aceptar. Sin embargo, satisfacen parte de su necesidad imaginando al poderoso y permanente sentimiento. Nunca habían ocurrido 5 eclipses en un año, esto era una completa novedad para los humanos, seguro las ansias del sol y la luna por encontrarse sobrepasaban lo “natural”, de tal forma que el numero 5 era poco, para la cantidad de encuentros que estos dos anhelaban.
El mundo estaba encantado y dudoso por tanta gracia. Cada vez hacían mas y mas investigaciones para explicar lo que no tenía explicación, en ese entonces. Existía un personaje en particular, que no se daba por vencido, Pineda era un astrónomo nacido en tierras de Winchester, Inglaterra. Desde que tomó conciencia, ha sido curioso e impertinente, y a pesar de esto, se catalogó en el mundo de la ciencia como un mérito, gracias a sus eficientes descubrimientos. En este caso, omitiendo a los científicos que estaban convencidos de la poca capacidad mental y tecnológica que tenían para entender lo sucedido en el cielo, Pineda seguía constante.
-Señor, le recomiendo que descanse. No es apropiado para su salud que se agobie con tal problema.
-Alex, no he seguido consejo de nadie en toda mi vida, quizás sea la razón por la cual terminé en estas cuatro paredes. Antes de que te trate de peor forma, ve a tu casa. Te llamaré en lo que te necesite.
Alex era la hermosa asistenta de Pineda. Quien se imaginaria a una alta mujer, con cabellos rizados y castaños, con un cuerpo proporcionado, y una gran inteligencia, trabajando para un desenfrenado científico.
Continuaban las eternas lecturas, una tras otra, dando como resultado pequeñas piezas para armar un rompecabezas de mil y un mas. Pineda continuaba, sin temor de llegar a la conclusión que ni la Madre Naturaleza era culpable de tanta maravilla. Olvidando su vida, se incrustó completamente a esta incógnita.
Eso querían la luna y el sol, envolver a cualquier ser, envolverse a ellos mismos. Muchos aseguran que cuando llega el momento mas esperado, este pasa en un abrir y cerrar de ojos, para estos enamorados, era todo lo contrario. Disfrutaban, reían, se acariciaban, discutían, se besaban, bailaban, daban relatos de sus eternas vidas, conversaban sobre sus episodios, mientras intercambiaban infinitas miradas. Se amaban.
Se acercaba la hora, las órbitas estaban separando poco a poco a los dos astros.
-Amor, mi amor… Ya siento tu ausencia. Dijo la luna consternada.
-No te adelantes, no gimas dolorosas palabras, aún no. Ámame, siénteme, estoy aquí, no me he ido.
-Siempre te quiero sentir aquí.
El sol, mirándola fijamente, le contestó:
-Después de este relato de amor, los humanos buscarán el lado oscuro de la luna. Se preguntarán unos a los otros, porque cada noche de luna naciente hasta luna llena, ésta muestra una misma cara, discutirán sobre la causa de este extraño hecho. Llegarán, finalmente, a la respuesta que demuestra al sol culpable, él arrebata la luz de esta mitad, porque es suya, le pertenece. Ahí están guardados los recuerdos de cada momento juntos, nadie puede llegar a esos pensamientos, si no es el protagonista de la historia. Y tu dirás luego: “El lado oscuro de la luna es la guarida mi corazón, para la llegada del amor, para la llegada del sol…”. Mientras ocurre todo esto, luna mía, yo estaré iluminando este Universo, con la intención de que tu encuentres la luz, y me sientas, te estremezcas.
-El lado oscuro de la luna, es la guarida de mi corazón, para la llegada del amor, para la llegada del sol… Repitió la luna, con despecho.
De esta manera, se fueron alejando sin quitar las miradas. Finalmente el sol tomó la ruta de su anterior vida, dejando atrás a la causante de su nueva vida.
Pineda, desesperado, al ver como acababa todo antes de que el tuviera respuestas en la mano, decide agarrar el teléfono, y marca el número de su última esperanza. Llama a un antiguo amigo, Fran, físico y sabio, dueño de la biblioteca que contiene toda información contundente para un científico.
-Fran, amigo… Gracias por contestar…
-¿Pineda?, ¿eres tú?
-Si.
-¡PINEDA!, ¡que sorpresa! Cuéntame, ¿cómo estas? Tus investigaciones, que tie…
-Fran, respóndeme urgente y rápido, a la única pregunta que tengo esta noche, la cual hizo que te llamara.
-A ver, que tienes para mí.
-¿Qué motivo, coherente o incoherente, puede hacer que dos majestuosos dueños de la vida en la tierra, se unan 5 veces en un año? Dame una respuesta que resuelva todas las ecuaciones que he escrito y entallado en las paredes de mi oficina. La física realmente no funciona en mi cabeza, en este momento.
-¿El sol y la luna?
-Si, el dichoso sol y la dichosa luna.
-Amigo, es hora de que abras tu mente. No vas a conseguir el resultado en un libro de Física de Bart Kosko, o Franciso de Quevedo, mucho menos en uno de astronomía, el resultado lo conseguirás en la metáfora que hay dentro de ti.
-Por favor… No me des mas razones para seguir haciendo ecuaciones. Explícate.
-¿Qué ley explica la atracción de dos cuerpos? Y no menciones las 3 de Newton.
-Fran…
-¿Alguna vez te has enamorado, amigo mío?
-Fran…
-Si ves necesario tener que hacer ecuaciones, o utilizar fórmulas para explicar algo inexplicable, es porque te retienes a aceptar que hay otra ley capaz de mover montañas, literalmente… Al parecer.
-Está bien, no diré más. Me limitaré a pensar en tu patética teoría del amor.
-Por eso, Pineda, es que el sol consiguió enamorarse, y tú aun no.
Antes de que Pineda tuviera la oportunidad de contestar la leve agresión de su amigo, éste había trancado la llamada, posiblemente para contemplar lo que quedaba de la luna en esa noche.
Entonces, había una vez la esencia de una pareja de enamorados, había una vez el sol y la luna. Buen comienzo, para un final lúgubre, pero lleno de conmoción. Un final donde la luna espera por el dueño de su lado oscuro.
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