viernes, 15 de enero de 2010

¿Existe un culpable?

Tan perfecta como inexistente. Maldecida por su mente, meditada por su aspiración. Él desea olvidarla, y motivarla a la desesperación, hasta anexarla al depósito de cadáveres, para así conseguir el fin de sus actos dotados de hermosura.

Tal sería la cautela, para conseguir salir de la estancia. Sin rastros ni huellas, de su presencia en esa ocasión, para que esta belleza perfecta no caiga en el deseo, y así no pretenda, tentar nuevamente a la Muerte. Lo que sería una refutación para este hombre, que desea su total exterminación. Sin embargo, tiene dificultades para alejarse completamente del territorio, y aceptar que sus afanes, nunca serán concluidos.

Ella se cuestiona, si sólo fue una ilusión -ajena a la posibilidad de una total realidad- y permanece intacta, con los ojos abiertos, cuidadosa a cualquier figura, detallista a cualquier rostro. Se entristece al acercarse el fin del acto, firme en su posición original, comienza a emitir el sonido que en ensayos le enseñaron a formar. Ahí se queda, a pesar de la desaparición de su público, aún esperanzada. Resignada se retira, con la fe evaporada. Anuncia a su alma, que es hora de retirarse, no queda más.

El destino toma papel en el asunto, comienza a maniobrar su plan. Decide que la mala situación, debía tomar ya otra perspectiva. Anuncia a su acompañante, incógnito acompañante, que tome el puesto mandatario, así todo estaría en la posición correcta para dar impulso al botón de “Inicio”. Intrépidos observan todo, una pequeña imagen señala que en pocos segundos, todo será mas notorio; uno de los autores frunce el seño, en señal de disgusto, su compañero se da a la indiferencia del asunto, quizás se dio cuenta de los pensamientos pocos convincentes que pasaban por la mente de los dos seres. La imagen comienza a enfocar a la chica, con molestos pasos, camino a su refugio. Cambia repentinamente para ahora mostrar a un chico, sentado en la cera de una calle vagada por la soledad; entonces, ocurre lo esperado.

Intersecciones+ soledad callejera+ abatimiento en el ambiente+ dos solitarios anhelando= El encuentro.

El hombre se da cuenta de la falla en la lucha contra el destino, imposible, no puede alejarse de la belleza perfecta, debe estar con ella, pero no se disgusta, de lo contrario, se siente aliviado de verla, de ver nuevamente sus ojos cobres. La mujer, omitiendo a la desilusión, toma la esperanza que seguía intacta, da gracias al encuentro, con poco esfuerzo. Los seres deciden sin intercambiar palabras, tomar la sendera correcta.

Los culpables de esta dicha, sonríen en señal de satisfacción, otra misión cumplida.

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