viernes, 15 de enero de 2010

Una Cura

Los huesos se astillan con tanta insensibilidad.
¿Por qué no ser inmune a tal apatía?

Ya no existe el azar.
Sólo quieren sentir que no se consumen con la carestía de tus ojos…
Y ahí está la cadencia que los reanima.
¡Que sonido tan agudo es el que desprende aquella sombra!
Que particular es al no estar detrás de mí.
Arma tan destilada.

Y con estas pocas palabras asesino un retrato que merodea, al haber revivido con tú secreto. Sólo porque estoy enferma y caótica.

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